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Los diez mejores caballeros medievales parte II

 

6- Enrique V rey de Inglaterra.

 

Hijo de Enrique IV, primer rey de la dinastía Lancaster que usurpó el trono a Ricardo II, y de María de Bohun. Enrique tuvo una esmerada educación ya que era hijo y nieto de dos grandes patronos de la literatura, las artes y la caballería. Leía y escribía en inglés, francés y latín y le gustaba mucho la música. Recibió además una esmerada educación en el arte de la guerra. Durante su infancia fue retenido como rehén por Ricardo II, quien lo llevaba a las batallas y en medio de una de ellas, a la edad de 12 años, lo nombró caballero.

 

El rey Enrique V fue, en palabras de su hermano el duque de Bedford, "demasiado famoso para vivir mucho tiempo " y representó el apogeo de la realeza medieval. Venerado como un héroe de proporciones legendarias en su propia vida, más tarde fue inmortalizado como el rey patriota de Shakespeare. Enrique fue sin duda uno de los más grandes reyes de la Casa de Plantagenet .

Desde que accedió al trono, su principal obsesión fue reclamar las antiguas posesiones francesas de la familia Plantagenet que él consideraba suyas. Decide por tanto retomar la lucha contra Carlos VI de Francia “el rey loco”. En esa época, el reino francés se encontraba inmerso en luchas fratricidas entre familiares del propio rey con el único objetivo de controlar el poder. Enrique planificó una gran invasión que terminó con la rotunda victoria para los ingleses en la batalla de Agincourt. Como parte de esta victoria, Enrique se casa con Catalina de Valois, hija de Carlos VI y firma el tratado de Troyes mediante el cuál, el rey Francés le reconoce como único heredero del trono de Francia desheredando a su propio hijo el futuro Carlos VII.

 

Se cuenta que, cuando Enrique llega a Francia y conquista la ciudad de Harfleur, en un acto digno del mejor caballero, envía un mensaje al Delfín de Francia ofreciéndole resolver la disputa del trono francés en un combate singular al estilo de los torneos medievales. La propuesta no fue bien recibida por el pusilánime Delfín que obviamente no la aceptó.

 

Cuando Enrique falleció, su cuerpo fue llevado en procesión a través de Francia y regresó a Inglaterra donde fue enterrado en la Abadía de Westminster en un magnífico sepulcro . La inscripción en torno a la cornisa de su tumba se ​​traduce como " Henry V , martillo de los galos se encuentra aquí” .  Dejó un testamento en el que nombró a su hermano Juan, duque de Bedford, como gobernador de Francia y a su hermano más joven Humphrey , duque de Gloucester le confió la tutela de su pequeño hijo , Enrique VI , a quien legó dos reinos y una herencia que iba a resultar imposible de mantener.

 

7- Antonio duque de Brabante

 

Hijo de Felipe II el audaz duque de Borgoña y de Margarita condesa de Flandes.

Las disputas entre los de Armagnac (dirigidos por Luis de Orleans) y los de Borgoña (acaudillados por el hermano mayor de Antonio, Juan sin Miedo) durante el complicado reinado de Carlos VI de Francia, hallaron al joven apoyando a Juan pero actuando muchas veces también, como árbitro y mediador en los conflictos franceses.

En 1411 tomó parte en el sitio y captura de Ham por el bando borgoñón, pero en 1415, ante la poderosa y decidida invasión de Francia por las tropas del rey Enrique V de Inglaterra (tal vez la mayor operación militar de la guerra de los Cien Años), decidió aproximarse al rey Carlos el loco y a los Armagnac para aunar fuerzas contra el enemigo.

Por ello, cuando el ejercito francés se prepara para luchar contra los ingleses en Agincourt, Antonio se pone del lado francés a diferencia de Juan sin Miedo que decide apoyar a los ingleses.

Así llegó Antonio de Brabante a Agincourt (25 de octubre de 1415).

Diversos contratiempos (principalmente el mal estado de los caminos y el barro existente tras la lluvia de la noche anterior) lo hicieron llegar tarde a la batalla. Su puesto era de gran responsabilidad: debía comandar el ala derecha de la vanguardia, compuesta por 800 hombres de armas elegidos, tal vez lo mejor de aquel innumerable ejército.

Sin vestir aún su armadura y viendo que la vanguardia francesa ya avanzaba hacia el enemigo, Antonio cometió el error que minutos más tarde lo llevaría a la muerte: en lugar de esperar a que le trajesen sus armas y lo vistieran, él, como noble caballero, no podía permanecer quieto mientras la batalla transcurría, por lo que arrebató el escudo de un humilde corneta de su compañía y se arrojó al combate, quedando en medio del salvaje cuerpo a cuerpo entre ambas vanguardias.

Los testigos presenciales manifiestan que Antonio de Brabante sobrevivió a la lucha y fue capturado hacia media mañana. Al dar Enrique V la orden de sacrificar a todos los prisioneros salvo los nobles (por los que se podía pedir un buen rescate), Antonio, que portaba el escudo de un plebeyo, no fue reconocido como noble y fue asesinado allí mismo sin misericordia.

8- Juan Dunois “el Bastardo de Orleans”

 

Juan de Orleans, Conde de Dunois también llamado El Bastardo de Orleans fue el hijo ilegítimo de Luis de Valois, duque de Orlenas y de Mariette d'Enghien.

El término "bastardo de Orleans” era un título bastante usual para la mayoría de los jóvenes de su clase. Este título de “bastardo de…”, más que una ofensa a su persona, era de un título de respeto, ya que lo reconocía como miembro de la casa de Orleans y por tanto como un primo hermano del rey Carlos VI. 

Su padre murió en 1407 asesinado por Juan sin Miedo, duque de Borgoña. Este asesinato provocó una guerra civil en Francia que desestabilizó todo el gobierno del país y dio la oportunidad a los ingleses de volver a intentar la reclamación del trono de Francia. Enrique V preparó entonces la invasión de Francia y con un pequeño ejército, se enfrentó a los franceses en Agincourt. Su medio hermano legítimo, Carlos de Orleans, se convirtió en prisionero de los ingleses en la batalla de Agincourt y permaneció cautivo durante varias décadas. Este hecho significó que Juan el Bastardo quedaba como el único hombre adulto del linaje de la casa de Orleans en su época.

Como jefe de la casa de Orleans, se unió al bando de los Armagnac, y fue capturado por los de Borgoña en 1418. Liberado en 1420, entró al servicio del Delfín bajo el gobierno de Carlos VII de Francia.

Fue durante esta época cuando Juan demuestra ser un excelente caballero con gran valor. Comandando los ejércitos franceses, se enfrenta a los ingleses en un intento de mantener lo poco que quedaba de Francia. Como agradecimiento a sus servicios, Carlos VII le nombra conde de Dunois.

Dirigió las defensas francesas durante el sitio de Orlenas y allí conoció a Juana de Arco con la quien compartiría las campañas que realizó la doncella hasta su captura y posterior ejecución en la hoguera.

 

9- Rodrigo Díaz de Vivar el Cid Campeador

 

El Cid Campeador fue un caballero castellano, gran figura histórica de la reconquista, cuya vida inspiró el más importante “cantar de gesta” de la literatura española “el Cantar de Mío Cid”. Vivió durante la época en que la península ibérica estaba inmersa en el proceso de reconquista de los territorios que todavía permanecían bajo la dominación musulmana.

El Campeador no fue solamente un arrojado guerrero. Era un gran conductor de tropas capaz de maniobras dinámicas y desconcertantes en el campo de batalla. Conocía a la perfección toda la estrategia militar de la época: toma por sorpresa, treta de abandono del cerco, juego de emboscada combinada con ataque frontal, doble carga de caballería… Según los expertos, su táctica era mitad mora, mitad cristiana. Usaba la algara o incursión de las tropas de caballería en un ataque rápido, también conocida como razia o aceifa. Sus acometidas revelaban un prodigio de resistencia física y de facilidad en la maniobra. Manejaba el cálculo y la improvisación a partes iguales, lo que le convirtieron en un genio de la milicia. Por todo esto, fue conocido con el sobrenombre del “Campeador” (experto en batallas campales).

 

Pese a su leyenda posterior como héroe nacional (y más concretamente de Castilla) o cruzado en favor de la Reconquista , a lo largo de su vida se puso a las órdenes de diferentes caudillos, tanto cristianos (Sancho II y su hermano Alfonso VI) como musulmanes (sirvió durante un tiempo a la taifa de Zaragoza) luchando realmente como su propio amo y por su propio beneficio, por lo que el retrato que de él hacen algunos autores es similar al de un mercenario, un soldado profesional, que presta sus servicios a cambio de una paga.

Cuentan que durante las comidas se hacía leer historias de los grandes guerreros árabes y que instruía a sus caballos al redoble del tambor.

 

 

10- Godofredo de Bouillón, Caballero de la primera Cruzada, creador del Reino de Jerusalén

 

Era duque de la Baja Lorena (Países Bajos). Cuando el papa Urbano II hizo un llamamiento a la Cristiandad para una Cruzada que liberara los «Santos Lugares» de manos del Islam, Godofredo fue uno de los primeros en acudir (1095). Vendió la mayor parte de sus dominios para financiar un ejército propio con el que llegó a Constantinopla en 1096. Prestó vasallaje al emperador bizantino a cambio de que le aportara víveres y tropas y, tras su destacada participación en varias batallas victoriosas contra los musulmanes (Nicea, Dorilea, Antioquía), se convirtió en el jefe de los cruzados. Éstos le nombraron rey de Jerusalén una vez tomada la ciudad en 1099, pero Godofredo no admitió el título alegando humildad cristiana y lo cambió por el de «protector del Santo Sepulcro». Organizó como una teocracia el nuevo Estado que se extendía por el territorio actual de Israel, el sur del Líbano y partes de Siria y Jordania. Muerto al año siguiente, le sucedió su hermano Balduino, ya con el título de rey. Godofredo ha sido idealizado a lo largo de la historia por haber sido el primero en recibir el nombramiento de regente de la ciudad de Jerusalén. Fue descrito como el líder de las Cruzadas del Reino de Jerusalen, y asimismo, considerado como personificación del ideal de caballero. En la literatura de ficción, Godofredo es el héroe de dos canciones de gesta, la Canción de Antioquía y la Canción de Jerusalén.